viernes, 31 de diciembre de 2010

Las rosas del jardín de Adonis... Ricardo Reis



Las rosas del jardín de Adonis...

Las rosas del jardín de Adonis
Son las que yo amo, Lydia, esas efímeras rosas
Que en el día de su nacimiento,
En ese mismo día, mueren.

La luz es eterna para ellas, pues
Nacen con el sol cuando ya ha salido, y se acaban
Antes que Apolo pudiera incluso iniciar
Su trayectoria visible.

Como ellas, déjanos hacer de nuestras vidas un día,-
Voluntariamente, Lydia, desconociendo
Que existe la noche antes y después
El poquito que perduramos.

Fernando Pessoa (1888 - 1935) es uno de los mayores poetas y escritores portugueses y europeos. Escribió con diferentes heterónimos, uno de ellos fue Ricardo Reis.

martes, 14 de diciembre de 2010

Poema invadido por romanos. Juan Manuel Roca



POEMA INVADIDO POR ROMANOS

Los romanos eran maliciosos.

Llenaron Europa de ruinas
Confabulados con el tiempo.

Les interesaba el futuro,
Las huellas más que las pisadas.

Los romanos, Casandra, eran mañosos.

No fraguaron el Acueducto de Segovia
Como un ducto de agua y de luz.
Lo pensaron como vestigio,
Como un absorto pasado.

Sembraron de edificios roñosos Europa,
De estatuas acéfalas
Engullidas por la gloria de Roma.

No hicieron el Coliseo
Para que los tigres devoraran
A su antojo a los cristianos,
tan poco apetecibles,
Ni para ver ensartadas
Como entremeses del infierno
A las huestes de Espartaco.

Pensaron su ruina, una ruina proporcional
A la sombra mordida del sol que agoniza.

Mi amigo Dino Campana
Pudo haber saltado a la yugular
De uno de sus dioses de mármol.

Los romanos dan mucho en qué pensar.

Por ejemplo,
En un caballo de bronce
De la Piazza Bianca.
Al momento de restaurarlo,
Al asomarse a su boca abierta,
Encontraron en el vientre
Esqueletos de palomas.

Como tu amor,
Que se vuelve ruina
Mientras más lo construyo.

El tiempo es romano.


Juan Manuel Roca (Medellín, 1946) es un poeta y narrador colombiano. Obras: “Ciudad de la noche”, 1989, “Biblia de pobres”, 2009

sábado, 4 de diciembre de 2010

Lotófagos. Juana Castro



Lotófagos

A mediodía, por el aire, pasa
el ángel mudo de los inmigrantes. Todo
se alza y es un vaho
de pan recién cocido con aroma
de flores. En los barrios, los tranvías,
las ventanas y el metro, cada inmigrante compra
su flor de cada día y una
ración de pan. Pan moreno, pan alto,
pan blanco, pan rubio, de centeno o del sur.
Cada inmigrante huele
su pan de cada día mientras muerde, una a una
las irisadas migas
de su ración de flor.


Juana Castro, poeta nacida en Villanueva de Córdoba en 1945. Es profesora especialista en Educación Infantil y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes. Ha obtenido importantes premios de poesía. «Cóncava mujer», «Del dolor y las alas», «Narcisia», «Alta traición», «Alada mía» «Del color de los ríos» "Los cuerpos oscuros" (2005) y "La extranjera" (2006)

sábado, 20 de noviembre de 2010

Monólogo para Casandra. Wisława Szymborska



Monólogo para Casandra

Soy yo, Casandra.
Y ésta es mi ciudad bajo las cenizas.
Y éste es mi bastón y éstas mis cintas de profeta.
Y ésta es mi cabeza llena de dudas.

Es verdad, triunfo.
Mi cordura llegó a golpear el cielo con un rojo resplandor.
Sólo los profetas que no son creídos
tienen esas vistas.
Sólo aquellos que empezaron a hacer mal las cosas,
y todo podría haberse cumplido tan pronto
como si nunca hubieran existido.

Ahora recuerdo con claridad
cómo la gente, al verme, callaba en mitad de la frase.
La risa se cortaba.
Se separaban las manos.
Los niños corrían hacia sus madres.
Ni siquiera conocía sus efímeros nombres.
Y esa canción sobre la hoja verde...
nadie la terminó en mi presencia.

Yo los amaba.
Pero los amaba desde lo alto.
Desde encima de la vida.
Desde el futuro. Un lugar siempre hay vacío
de donde qué más fácil que divisar la muerte.
Lamento que mi voz fuera áspera.
Mírense desde las estrellas -gritaba-,
mírense desde las estrellas.
Me oían y bajaban la mirada.

Vivían en la vida.
Llenos de miedo.
Condenados.
Desde que nacían en cuerpos de despedida.
Pero había en ellos una húmeda esperanza,
una llama que se alimentaba con su propio parpadeo.
Ellos sabían qué era un instante,
fuera el que fuera
antes de que...

Yo tenía razón.
Sólo que eso no significa nada.
Y éstas son mis ropas chamuscadas.
Y éstos, mis trastos de profeta.
Y ésta, la mueca de mi rostro.
Un rostro que no sabía que pudiera ser hermoso.

De "Mil alegrías -Un encanto-" 1967
Traducción de Abel A. Murcia

Wisława Szymborska, (Kórnik, 1923). Poeta polaca de origen judío. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1996.

viernes, 5 de noviembre de 2010

El busto de Tiberio. Joseph Brodsky



El busto de Tiberio

Yo te saludo, pasados dos mil años.
También tú fuiste marido de una puta.
Es algo que tenemos en común. Por lo demás,
en torno a ti está tu urbe. Estruendo, coches,
chusma con jeringas en húmedos portales,
ruinas. Yo, un viajero del montón,
saludo ahora tu busto polvoriento
en la desierta galería. Ah, Tiberio,
aquí no alcanzas ni los treinta. Del rostro
mana la confianza de quien domina el músculo
más que el futuro de su suma. Y la cabeza,
que el escultor cortara en vida,
muestra en esencia el augurio del poder.
Todo lo que queda bajo el mentón es Roma:
provincias, cohortes y también rentistas,
más un sinfín de infantes que besan tu aguijón
-placer en clave de la loba
que alimenta a los críos Remo
y Rómulo-.(¡Los mismos labios!,
musitando, dulces, inconexos
entre los pliegues de la toga.) A fin de cuentas:
un busto en señal de independencia entre cuerpo y cerebro.
De hecho, incluido el del Imperio.
De dibujar tú mismo tu retrato,
sería todo él circunvoluciones.

Aquí no alcanzas ni los treinta. Nada
en ti detiene la mirada.
Ni, a su vez, tu firme observar
está dispuesto a detenerse en algo:
ni en rostro alguno ni en un
paisaje clásico. ¡Ah, Tiberio!
¡Qué más te da lo que rezonguen
Tácito o Suetonio en busca de las causas
que te hicieron cruel! No hay causas en el mundo,
tan sólo efectos. Los hombres son sus víctimas.
Y sobre todo en las mazmorras donde todos confiesan;
no en vano confesar bajo tortura,
como las confidencias del niño,
se torna monocorde. Lo mejor es
no tener nada que ver con la verdad.
Por lo demás, ésta no eleva. A nadie.
Menos aún al César. Al menos,
tú apareces más capaz de ahogarte
en tu baño que por una gran idea.
Y en general, ¿ser cruel no es acaso
precipitar tan sólo el común destino
de toda cosa, o la caída libre
de un cuerpo simple en el vacío? En él
siempre acabas en el momento de caer.
No vendrá el diluvio tras nosotros

Enero. Un aluvión de nubes
sobre la invernal ciudad a modo de mármol sobrante.
El Tíber, que huye de la realidad.
Las fuentes, que echan agua hacia el lugar
de donde nadie mira, ni cómo quien no ve,
ni entornando la mirada. ¡Es otro tiempo!
Y no hay modo de atrapar al lobo
enloquecido. ¡Ah, Tiberio!
¿Quiénes somos nosotros para ser tus jueces?
Has sido un monstruo, mas fiera impasible.
Pues la naturaleza, cuando crea sus monstruos
-las víctimas jamás-, los plasma, no obstante,
a semejanza suya. Más nos vale mil veces
-si escoger nos es dado-
que venga a destruirnos un engendro del infierno
antes que un neurasténico. Con treinta sin cumplir,
el rostro hecho en piedra, cara rocosa,
creada para dos milenios,
te asemejas a un instrumento natural
de exterminio, y en nada a un esclavo
de pasión humana alguna, o a un forjador de ideas
y demás. Y defenderte de las invenciones
es como proteger al árbol de sus hojas,
con su complejo de que ellas son, entre susurros
inconexos pero claros, mayoría.
En la desierta galería. En mediodía gris.
El ventanal tiznado con las luces del invierno.
El ruido de la calle. Ajeno por completo
a la textura del espacio, el busto...
¡No puede ser que no me oigas!
Pues yo también huí, sin mirar hacia atrás,
de todo lo que me había sucedido; me convertí en isla
con sus ruinas, sus cigüeñas. También me esculpí
el rostro por medio de un candil.
A mano. Y lo que llegase a decir,
lo que haya dicho, a nadie le interesa,
y no en su momento, sino hoy mismo.
¿No es esto también un modo de acelerar
la historia? ¿No es un intento -logrado por desdicha-
de colocarse el efecto delante de la causa?
Y además, también en el total vacío,
lo cual no garantiza un gran aplauso.
¿Arrepentirse? ¿Rehacer tu suerte?
¿Jugar, como se dice, con otra baraja?
Pero, ¿vale la pena acaso? La lluvia radiactiva
nos cubrirá no mucho peor que tu historiador.
¿Y quién vendrá a maldecirnos? ¿Una estrella?
¿La luna? ¿Una termita enloquecida por
las incontables mutaciones, de tronco fofo, eterna?
Todo es posible. Pero, cuando, como un objeto duro,
se tope con nosotros, ella también, tal vez,
algo turbada, detendrá la excavación.
«Un busto -exclamará en el lenguaje de las ruinas,
del músculo abreviado-, un busto, un busto.»

1985

De "No vendrá el diluvio tras nosotros" (Antología 1960-1996)
Versión de Ricardo San Vicente

Joseph Brodsky (Iósif Alexándrovich Brodsky; 1940 - 1996) fue un poeta ruso-estadounidense, que nació en Leningrado (actual San Petersburgo) y falleció en Nueva York. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1987.

sábado, 16 de octubre de 2010

Helena. Giorgos Seferis



Helena

HELENA: No he pisado jamás Troya. Era sólo un espectro.
SIRVIENTE: ¿Cómo? ¿Dice que solo estuvimos muriendo por una quimera ?”


Eurípides, «Helena»


«Los ruiseñores no te dejan dormir en Platres.»

Tímido ruiseñor que entre el respiro de las hojas
brindas el alivio musical del bosque
a los cuerpos fatigados y a las almas
de quienes se sabe no regresarán.
Ciega voz que buscas tentando en la noche del recuerdo
pasos y gestos, diría casi besos
y el amargo tormento de la indómita sierva.

«Los ruiseñores no te dejan dormir en Platres.»

¿Quién es Platres? ¿Quién conoce esta isla?
He pasado mi vida oyendo nombres desconocidos:
nuevos lugares, nuevas locuras de personas
o deidades.
Mi destino que ondea
entre la espada de un Ayante
y otra Salamina
me trajo aquí a esta playa.
La luna
vino del mar como Afrodita.
Ahora cubre los astros del Arquero y va por
el corazón de Escorpión y todo cambia.
¿Dónde está la verdad?
Yo fui también un arquero en la guerra.
Mi destino, el de un hombre desatinado.

Melodioso ruiseñor,
en una noche como esta en la playa de Proteo
te escucharon las esclavas de Esparta y rompieron en lamentos,
y entre ellas, ¿quién creerás? ¡Helena!
A quien perseguimos tantos años junto al Escamandro.
Estaba allí, en los labios del desierto. Me acerqué a ella y me habló:
«No es verdad, no es verdad», exclamó.
«Jamás subí a la nave de azulada proa;
mucho menos he pisado la valiente Troya».

Con los pechos profundos, el sol en el cabello, y ese porte
todo sonrisas y sombras
en los hombros en los muslos en las rodillas,
piel radiante y ojos
con pestañas largas,
estaba allí, a la orilla de un Delta.
¿Y en Troya?
Nada en el espectro de Troya.
Los dioses así lo quisieron.
Y París, tumbado con una sombra como si estuviera viva.
Y nosotros fuimos muriendo por Helena durante diez años.

Un enorme dolor había caído sobre Grecia.
¡Tantos cuerpos arrojados
a las fauces de la mar y a las fauces de la tierra!
¡Tantas almas
lanzadas a las piedras del molino como el trigo!
Y los ríos arrastraban en el lodo la sangre
por un cimbreo ondulante, por una nube,
por un tremolar de mariposa, por la pluma de un cisne,
por una túnica vacía, por Helena.
¿Y mi hermano?
Ruiseñor ruiseñor ruiseñor,
¿qué es dios? ¿que no lo es? ¿y qué hay entre lo uno y lo otro?

«Los ruiseñores no te dejan dormir en Platres.»

Avecilla llorosa,
a Chipre besada por las aguas
que me ha hecho recordar a mi patria
llegué solitario con esta leyenda,
si es cierto que es una leyenda,
si es cierto que los hombres no caen
en el viejo engaño de los dioses.
Si es cierto
que otro Teucro en unos años,
o un Ayante o un Príamo o una Hécuba
o un cierto desconocido, anónimo que no obstante
haya visto un Escamandro repleto de despojos,
no esté predestinado a escuchar
los mensajeros que vienen a decirle
de ese dolor inmenso y tanta vida
que se fue al abismo
por una túnica vacía, por una Helena.



Giorgos Seferis: (1900 - 1971), poeta y ensayista griego. Premio Nobel de Literarura en 1963.

martes, 28 de septiembre de 2010

Benet, poeta y mitólogo



Acostumbraban los historiadores, ¡oh, Sosio Seneción!, cuando en la descripción de los países hay puntos de que no tienen conocimiento, suprimir éstos en la carta, poniendo en los últimos extremos de ella esta advertencia: de aquí adelante no hay sino arenales faltos de agua y silvestres, o pantanos impenetrables, o hielos como los de la Escitia, o un mar cuajado. Pues a este modo, habiendo yo de escribir estas vidas comparadas, en las que se tocan tiempos a que la atinada crítica y la historia no alcanzan, acerca de ellos me estará muy bien prevenir igualmente: de aquí arriba no hay más que sucesos prodigiosos y trágicos, materia propia de poetas y mitólogos, en la que no se encuentra certeza ni seguridad.

Plutarco, Teseo


Quien se adentre en la obra de Juan Benet ha de tener siempre en su memoria la prevención que el inabarcable historiador griego Plutarco hace a sus lectores: "de aquí arriba no hay más que sucesos prodigiosos y trágicos, materia propia de poetas y mitólogos, en la que no se encuentra certeza ni seguridad."

Porque, en efecto, si de alguna forma se puede definir al autor de Saúl ante Samuel, la que mejor le cuadra es la de poeta y mitólogo, en tanto en cuanto toda su esforzada empresa narrativa consistirá fundamentalmente en la construcción de un espacio y un tiempo de condición mítica, esto es, un espacio y un tiempo fuera de todo tiempo y espacio, llenos de "sucesos prodigiosos y trágicos" en donde "no se encuentra certeza ni seguridad." El intento de estas reflexiones es el de aproximarse, siquiera someramente, al modo en que Juan Benet alcanzó a construir Región y, sobre todo, el "tiempo" que en ella no sucede.

Antes de nada, y a manera de preámbulo, cabe preguntarse por qué elige don Juan el mito como método de reflexión acerca del mundo y como cimiento de su experiencia narrativa. La respuesta viene a ser doble. Primero de todo, a causa de la insatisfacción que le produce la ciencia: "El saber, ese saber absoluto que quiere el pensamiento científico, yo no creo en él porque no se puede dar. (...) ..., nunca se llegará a conocer nuestro universo que siempre estará en sombras." (Cartografía personal, pág. 118). Y, en segundo lugar, elige el mito, porque, aparte de la burla que éste inflige al conocimiento científico, para Juan Benet la función dominante de la literatura, al igual que la del mito, consiste en "aumentar el acervo de misterio." (CP, pág. 150).

Hablando del saber de la literatura afirma: "No creo exagerado decir que un "saber" constituido por leyes y aforismos que dejan lugar a sus opuestos, más que elucidar la naturaleza del hombre lo que consigue es acentuar su misterio e, indirectamente, demostrar la vanidad, futilidad e insuficiencia de la gnosis." (En ciernes. Taurus, 1976. Pág. 59). En efecto, para Benet la literatura es "un terreno donde toda suerte de certeza es quimérica, cuestionable y estéril" (EC, pág. 53), es decir, uno de los principales rasgos del mito.

Tras pergeñar así, groseramente, la función del mito en la obra de Benet, vengamos ahora a discernir cómo el autor ha construido ese espacio y tiempo míticos de Región.

Sobre la creación del espacio regionato poco hay que añadir a lo que ya tienen dicho numerosos críticos y exégetas, además del propio escritor. La conjunción feliz del talento de Benet, sus lecturas, entre otras muchas, de Frazer, Faulkner, Mann (que se había interrogado ya "sobre el papel de los mitos que, llegados del fondo de los tiempos, teledirigen nuestros pasos", en palabras de Kundera), las leyendas locales del valle del Pardomino, al norte de León ("de un pastor que hablaba de un valle perdido donde había tumbas sacrales del siglo XII; otro señor que decía que había un guarda que nunca había bajado a Vegamián. Me contaba un pastor de Rullero de otro pastor que no había bajado de las montañas desde el final de la Guerra Civil. Son cosas que contaban aquellas gentes. Había otro que decía que los habitantes comprendidos entre Vegamián y Lillo eran descendientes de un coronel francés que había pasado por allí en el tiempo de la guerra de la Independencia... Y luego está el trasunto de la Guerra Civil. La guerra civil que es de tal poder narrativo que sirve para cualquier lugar, mira Faulkner. En el ambiente de Vegamián hay un poder de congelar las cosas, las personas." (CP. Pág. 223). No se debe olvidar este verbo, congelar, para entender después el concepto de "tiempo" en Región) y, sobre todo, sobre todo, el paisaje de la montaña leonesa, paisaje "forajido", como lo denomina Ferlosio con su habitual y pasmosa exactitud, un paisaje que parece susurrarle en el oído al ser humano su insacudible condición efímera y su impostergable abocamiento a la desaparición y a la nada.

Un espacio "utópico", es decir, fuera de todo lugar y cifra de todos los lugares a un tiempo, que poco a poco se irá poblando de personajes, sucesos y leyendas "prodigiosos y trágicos", pero ésta es otra historia.

En efecto, el problema más peliagudo con el que se hubo de enfrentar Juan Benet en su esforzadísimo empeño narrativo fue el de la transmutación del tiempo histórico en tiempo mítico, transmutación que logró alcanzar en sus dos novelas más sobresalientes Un viaje de invierno y Saúl ante Samuel.

Para llevar a cabo esta obra de demolición del tiempo histórico, Juan Benet ya contaba con las experiencias previas de la novela de principios del siglo XX, principalmente con Proust y Faulkner. Estos narradores habían minado ya la tradicional sucesión lineal cronológica, pero todavía no se habían liberado de la dependencia y tiranía del tiempo histórico: "Si la narrativa moderna ha venido a romper —desde las postrimerías del siglo XIX- la sucesión lineal cronológica, no por eso ha abandonado el eje del tiempo, cuya esencial función directriz ha venido a ponerse de manifiesto aún más con el abandono de la progresión lineal cronológica como línea de relato..." (EC. Pág. 16).

Así pues, la transformación final del tiempo histórico en tiempo mítico será un esfuerzo personal y es precisamente al problema del tiempo al que Juan Benet dedica en mayor medida sus reflexiones no sólo en su obra ensayística sino también en sus novelas.

Frente al tiempo histórico, caracterizado por ser una sucesión continuada de momentos y por estar supeditado a un principio y a un fin, el tiempo mítico opone un presente estático y atemporal en el que eternamente se están actualizando todos los acontecimientos de la existencia y su sentido.

Tanto en Un viaje de invierno como en Saúl ante Samuel, todo sucede en un estatismo atemporal, no hay ni sucesión de acontecimientos en la línea argumental ni subordinación temporal a un principio ni a un fin, sino que "toda la dimensión del tiempo es devorada por el presente" (UVI, pág. 233), toda la peripecia narrativa se da en "una edad sin fechas, la iluminada jornada de un ayer envuelto en ámbar temporal sin movimientos ni enigmas, sin evolución ni crecimiento ni estaciones ni sonidos, en el epiceno limbo de ser-fue" (UVI, pág. 222), "Todo está siempre —en el siempre inexistente- en el mismo sitio (SAS, pág. 104).

Dos son básicamente los recursos técnicos de que el autor se vale para construir este estatismo, esto es, para formalizar la transmutación temporal y alcanzar la creación de ese tiempo "ucrónico" en el espacio "utópico" de Región: la recurrencia y la simultaneidad.

En cuanto a la recurrencia, Un viaje de invierno está estructurado mediante la repetición periódica de las principales escenas y momentos de la novela, introduciendo medidamente pequeñas variaciones que crean la ilusión de un transcurso narrativo aunque siempre se está en el mismo presente. En cambio, en Saúl ante Samuel la recurrencia de las escenas principales (la carrera del niño y fusilamiento del alcalde, marcha del convoy, la mano que levanta un siete de espadas, alguien que espera la llegada de un pariente) ni siquiera permitirán dar paso a ningún cambio: "... me digo si en esta constante repetición no habré encontrado la salida hacia una perennidad que rehuye toda alteración..." (SAS, pág. 249), dice Simón.

Para construir esta "congelación" del tiempo, Juan Benet echa mano en segundo lugar del recurso técnico de la simultaneidad. Todos los acontecimientos de la peripecia narrativa se superponen en un mismo instante de tiempo estático: "Apareció por un instante y todos sus caracteres se superpusieron sin transcurso, con sus momentos y sus hechos, y aconteció incluso lo que no aconteció, para desaparecer todo en la misma estela." (SAS, pág. 104).

Pero la simultaneidad no opera solamente en la esfera temporal sino también, y con la misma finalidad de crear ese tiempo mítico, en el plano del sujeto. Pues en cuanto se destruye el eje temporal indefectiblemente toda identidad se diluye. Así uno de los recursos más caros, por necesarios, a Benet consiste en acumular sobre sus personajes un número cuanto mayor mejor de identidades que les confieren la calidad de símbolo no unívoco que todo mito requiere en cuanto que escapan a toda certeza. Así el ejemplo del propio caballo de Un viaje de invierno (ejemplo que puede parecer secundario pero que es el paradigma normativo del modo de proceder de Benet con todos sus personajes): sobre el caballo, que aparece siempre saltando a través de todo tiempo y lugar, se acumula un buen número de identidades: es el caballo de Neptuno del mito clásico, el animal que comunica a los muertos con los vivos de la mitología japonesa (tama), es un mensajero de la muerte y el infierno, es un símbolo de la fertilidad y de la renovación cíclica de la naturaleza, es el propio Amat, entre otras múltiples interpretaciones.

En resumen y para finalizar, Juan Benet llega más lejos que la novelística del siglo XX en su intento por liberarse del eje temporal tradicional y el lector que accede a sus obras es llevado mediante el verbo poético y extraordinario del autor a un universo mítico del que toda certidumbre ha huido y que deberá estar dispuesto a recorrer sin otra seguridad que su propio afán de conocimiento.

Conrado Santamaría Bastida

19-01-2004

sábado, 25 de septiembre de 2010

Glosas a Heráclito. Ángel González



Glosas a Heráclito

1

Nadie se baña dos veces en el mismo río.
Excepto los muy pobres.

2

Los más dialécticos, los multimillonarios:
nunca se bañan dos veces en el mismo
traje de baño.

3

(Traducción al chino)

Nadie se mete dos veces en el mismo lío.
(Excepto los marxistas-leninistas.)

4

(Interpretación del pesimista.)

Nada es lo mismo, nada
permanece.
Menos
la Historia y la morcilla de mi tierra:
se hacen las dos con sangre, se repiten.



Ángel González (Oviedo, 1925 – Madrid, 2008). Uno de los más representativos de la llamada “Generación de los 50”. Su obra, siempre comprometida con la realidad que le tocó vivir, es una mezcla de intimismo y poesía social, con un particular y característico toque irónico.

jueves, 2 de septiembre de 2010

El canto de Linos (Salida a la labranza), Claudio Rodríguez



El canto de Linos (Salida a la labranza)

Por mucho que haga sol no seréis puros
y ya no hay tiempo. Apenas
se mueve el aire y con la luz del día,
aún lejana en los cerros, se abre el campo
y se levanta a su labor el hombre.
Y ved: la hora mejor. ¿Y qué ha pasado
para que hoy en plena sazón sólo
nos acordemos de la siembra aquella,
de aquel trillar, de aquellos laboreos?
¡Si la cosecha no es más que el principio!
¡Fuera la hoz, sí, fuera
el corto abrazo del apero aun cuando
toda la tierra sea esperanza! Siempre,
como el buen labrador que cada año
ve alto su trigo y cree
que lo granó tan sólo su trabajo,
siempre salimos a esperar el día
con la faena a cuestas, y ponemos
la vida, el pecho al aire y un momento
somos al aire puros. Pero sólo
un momento. Oíd desde aquí: ¿qué hondo
trajín eterno mueve nuestras manos,
cava con nuestra azada,
limpia las madres para nuestro riego?
Todo es sagrado ya y hasta parece
sencillo prosperar en esta tierra,
cargar los carros con el mismo heno
de juventud, llevarlo
por aquel mismo puente. Pero, ¿dónde,
en qué inmenso pajar cabrán los pastos
del hombre, aquellas parvas
que puede que estén frescas todavía?
¿Dónde, dónde? Tú antes,
tú, el elegido por las estaciones,
el de la gran labranza, ven conmigo.
Enséñame a sembrar en el sentido
del viento. Qué vendimia
la de hoy, a media madurez, a media
juventud. ¿Dónde el tordo que salía
de allí con la humildad del vuelo abierta
como si aún pudiera volver siempre?
No volverá. Bien sé lo que he perdido.
Pero tú baila, triunfa, tú, que puedes.
No lo digamos. No, que nadie sepa
lo que ha pasado esta mañana. Vamos
juntos. No digas más que tu cosecha,
aunque esté en tu corral, al pie de casa,
no será tuya nunca.

Claudio Rodríguez (Zamora, 1934 – Madrid, 1999) Poeta español. Sus obras: Don de la ebriedad, Madrid, Adonáis, 1953 (Premio Adonáis), Conjuros, Torrelavega, Ed. Cantalpiedra, 1958, Alianza y condena, Madrid, Revista de Occidente, 1965 (Premio de la Crítica), El vuelo de la celebración, Madrid, Visor, 1976 y Casi una leyenda, Barcelona, Tusquets, 1991.

domingo, 22 de agosto de 2010

Un viaje a Citerea. Charles Baudelaire


Un viaje a Citerea

Mi corazón, como un pájaro, revoloteaba alegre
Y planeaba libremente alrededor de las jarcias;
El navío rolaba bajo un cielo sin nubes,
Cual un ángel embriagado de un sol radiante.

¿Qué isla es ésta, triste y negra? —Es Citerea,
Nos dicen, país celebrado en las canciones,
El dorado banal de todos los galanes en el pasado.
Mirad, después de todo, no es sino un pobre erial.

—¡Isla de los dulces secretos y de los regocijos del corazón!
De la antigua Venus, soberbio fantasma
Sobre tus aguas ciérnese un como aroma,
Que satura los espíritus de amor y languidez.

Bella isla de los mirtos verdes, plena de flores abiertas,
Venerada eternamente por toda nación,
Donde los suspiros de los corazones en adoración
Envuelven como incienso sobre un rosedal

Donde el arrullo eterno de una torcaz
-Citerea no era sino un lugar de los más áridos,
Un desierto rocoso turbado por gritos agrios.
¡Yo, empero, vislumbraba un objeto singular!

No era aquello un templo sobre las umbrías laderas,
Al cual la joven sacerdotisa, enamorada de las flores,
Acudía, encendido el cuerpo por secretos ardores,
Entreabriendo su túnica las brisas pasajeras;

Pero, he aquí que rozando la costa, más de cerca
Para turbar los pájaros con nuestras velas blancas,
Vimos que era una horca de tres ramas,
Destacándose negra sobre el cielo, como un ciprés.

Feroces pájaros posados sobre su cebo
Destruían con saña un ahorcado ya maduro,
Cada uno hundiendo, cual instrumento, su pico impuro
En todos los rincones sangrientos de aquella carroña;

Los ojos eran dos agujeros, y del vientre desfondado
Los intestinos pesados caíanle sobre los muslos,
Y sus verdugos, ahítos de horribles delicias,
A picotazos lo habían absolutamente castrado.

Bajo los pies, un tropel de celosos cuadrúpedos,
El hocico levantado, husmeaban y rondaban;
Una bestia más grande en medio se agitaba
Como un verdugo rodeado de ayudantes.

Habitante de Citerea, hijo de un cielo tan bello,
Silenciosamente tu soportabas estos insultos
En expiación de tus infames cultos
Y de los pecados que te ha vedado el sepulcro.

Ridículo colgado, ¡tus dolores son los míos!
Sentí, ante el aspecto de tus miembros flotantes,
Como una náusea, subir hasta mis dientes,
El caudal de hiel de mis dolores pasados;

Ante ti, pobre diablo, inolvidable,
He sentido todos los picos y todas las quijadas
De los cuervos lancinantes y de las panteras negras
Que, en su tiempo, tanto gustaron de triturar mi carne.

—El cielo estaba encantador, la mar serena;
Para mí todo era negro y sangriento desde entonces.
¡Ah! y tenía, como en un sudario espeso,
El corazón amortajado en esta alegoría.

En tu isla, ¡oh, Venus! no he hallado erguido
Mas que un patíbulo simbólico del cual pendía mi imagen...
—¡Ah! ¡Señor! ¡Concédeme la fuerza y el coraje
De contemplar mi corazón y mi cuerpo sin repugnancia!




Charles Baudelaire (Francia, 1821-1867) Fue llamado poeta maldito, debido a su vida de bohemia y excesos, y a la visión del mal que impregna su obra. Fue el poeta de mayor impacto en el simbolismo francés. Las influencias más importantes sobre él fueron Théophile Gautier, Josph de Maistre (de quien dijo que le había enseñado a pensar) y, en particular, Edgar Allan Poe, a quien tradujo extensamente. Su libro más conocido se titula Las flores del mal.

jueves, 29 de julio de 2010

"A mi buitre" de Miguel de Unamuno



“A mi buitre” de Miguel de Unamuno

Este buitre voraz de ceño torvo
que me devora las entrañas fiero
y es mi único y constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.

El día en que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre, quiero
que me dejéis con él solo y señero
un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía,
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa en que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga.


Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao 1864 – Salamanca 1936) fue un escritor y filósofo. En su obra cultivó gran variedad de géneros literarios.

viernes, 9 de julio de 2010

"Ulises y Calipso (Boecklin)" de Aníbal Núñez



"Ulises y Calipso (Boecklin)" de Aníbal Núñez


Una roca de pórfido en la playa
busca en el horizonte alguna vela
tejida por Penélope.

La lira
es un trasto inservible, un cepo inútil
en manos de la diosa de caliza
que, siguiendo el ejemplo de la gruta,
comienza a bostezar; ha sido en vano
llenarle de corales.

Las caricias
que aprendiste del mar, reina de alciones,
no hacen mella en la roca que quisiera
poder volar a Ítaca.


De Figura en un paisaje

Aníbal Núñez (1944 – 1987). Poeta nacido en Salamanca, traductor de Catulo, Propercio, Rimbaud, Mallarmé y Eugenio de Andrade, entre otros. Muere a los 43 años. Publicó en vida algunos libros de poemas como «Fábulas domésticas», «Alzado de la ruina», «Taller del hechicero», «Estampas de ultramar» y «Clave de los tres reinos», y dejó inéditos o parcialmente publicados otros como «Cristal de Lorena», «Naturaleza no recuperable», «Cuarzo», «Definición de savia», «Primavera soluble» y «Figuras en un paisaje», que han ido apareciendo después de su muerte

martes, 22 de junio de 2010

“A la sombra de Homero” de Eugénio de Andrade



“A la sombra de Homero”

Es mortal este agosto; su ardor
sube los escalones todos de la noche,
no me deja dormir.
Abro el libro siempre a mano en la súplica
de Príamo. Pero cuando
el impetuoso Aquiles ordena al viejo
rey que no le atormente más
el corazón, dejo de leer.
La mañana tardaba. ¿Cómo dormir
a la sombra atormentada
de un anciano en el umbral de la muerte?,
¿o con las lágrimas de Aquiles
en el alma, por el amigo
a quien acaba de enterrar?
¿Cómo dormir a las puertas de la vejez
con ese peso sobre el corazón?


Eugénio de Andrade (Póvoa de Atalaya 1923 - Oporto 2005)

Poeta portugués, nacido en el seno de una familia campesina, heredó de ésta el desprecio por el lujo y la degradación que producen sobre la persona. Ex funcionario público, con influencias de la cultura griega y oriental, de una profunda cultura literaria y excelente conocedor de la poesía española, se dio a conocer como escritor en 1942 con su libro de versos Adolescente. Defendió la exactitud del lenguaje y no le interesaron nunca el dinero y la fama.

lunes, 7 de junio de 2010

"Troyanos" de Constantino Cavafis



TROYANOS

Son los esfuerzos nuestros, de los desventurados,
son los esfuerzos nuestros como los de los troyanos.
Algo conseguimos; nos reponemos
un poco; y empezamos
a tener coraje y buenas esperanzas.
Pero siempre algo surge y nos detiene.
Aquiles en el foso en frente de nosotros
sale y con grandes voces nos espanta.-
Son los esfuerzos nuestros como los de los troyanos.
Creemos que con decisión y audacia
cambiaremos la animosidad de la suerte,
y nos quedamos afuera para combatir.
Mas cuando sobreviene la gran crisis,
nuestra audacia y decisión desaparecen;
se turba nuestra alma, paralízase;
y en torno de los muros corremos
buscando salvarnos con la fuga.
Empero nuestra caída es cierta. Arriba,
sobre las murallas, comenzó ya el lamento.
Lloran sentimientos y recuerdos de nuestros días.
Amargamente por nosotros Príamo y Hécuba lloran.


Constantino Petrou Cavafis (en griego Κωνσταντίνος Πέτρου Καβάφης. Alejandría, Egipto; 29 de abril de 1863 – 29 de abril de 1933) fue un poeta griego, una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna.

miércoles, 26 de mayo de 2010

"Muerte por agua" de T. S. Eliot



Muerte por agua de T. S. Eliot

Flebas el fenicio, muerto hace dos semanas,
No recuerda ya el grito de las gaviotas, ni la mar profunda y agitada
No recuerda las pérdidas ni las ganancias.
Una corriente
Bajo el mar llevó sus huesos entre murmullos. En ascensos y caídas
Pasó las etapas de juventud y madurez
Internándose en el remolino.
Gentil o judío
Oh tú que llevas el timón y fijas la mirada en barlovento,
Acuérdate de Flebas, que, como tú, una vez fuera hermoso y esbelto.


Traducción de Avantos Swan


Thomas Stearns Eliot (Gran Bretaña, 1888-1965)
Poeta, crítico literario y dramaturgo inglés nacido en Estados Unidos. Premio Nobel de Literatura y autor del famoso poema Tierra Baldía, una de las obras más discutidas e importantes de comienzos del siglo XX.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Sueño que soy la muerte de Orfeo, de Adrienne Rich



Sueño que soy la muerte de Orfeo

Camino rápidamente a través de las estrías de luz y sombra
que arroja una arcada

Soy una mujer en la plenitud de la vida, con ciertos poderes
y estos poderes limitados severamente
por autoridades a las que pocas veces veo el rostro.
Soy una mujer en la plenitud de la vida
que conduce a su poeta muerto en un Rolls-Royce negro
por un paisaje de crepúsculo y espinas.
Una mujer con una cierta misión
que la dejará intacta si se obedece al pie de la letra.
Una mujer con los nervios de una pantera
una mujer con contactos entre los Ángeles del Infierno
una mujer que siente la grandeza de sus poderes
en el preciso momento en que no debe usarlos
una mujer comprometida con la lucidez
que ve, a través de la confusión, los fuegos humeantes
de estas calles subterráneas
a su poeta muerto aprendiendo a caminar hacia atrás, contra el viento,
por el lado equivocado del espejo

Versión de María Soledad Sánchez Gómez

Adrienne Rich (USA 1929)
Poeta, intelectual, crítica y feminista.

miércoles, 21 de abril de 2010

El silencio de las sirenas. Franz Kafka


Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:

Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.
En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.

Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

domingo, 11 de abril de 2010

cave canem de Luis Melgarejo


Dentro de un perro, sí,

dentro de un perro caben
mordiscos, obediencia, ladridos, desamparo,
carlancas, madres, lobos, costillares,
cadenas herrumbrosas, candados antiquísimos,
la luz esa que alumbra la infancia en la memoria y
tiritañas raídas por la friega del hambre,
la certeza del pienso y
cabe el odio y la paz,
las raigambres profundas de la dicha más lenta,
los orines calientes del mozuelo humillado,
la divisa del miedo, los linderos del mundo,
el desguace infinito del motor de la furia,
las pupilas vidriosas que asolan las cunetas
de los caminos rectos, el insomnio,
las lonjas, las aduanas, los montes de piedad,
las cuevas cuando el fuego era un milagro,
alijos, malas pulgas, el pudor,
los zurdos y los diestros, escrutinios,
nitrógeno, potasio, cariño y mucho fósforo,
la osamenta pelada de un gallo de pelea
y un sigilo entre jaras y una asfixia de siglos
y estos nudos que aprietan como aprietan mis puños
el doble corazón de las urgencias
que late en la espesura y
también caben los soles,
el cáncer, odaliscas, las sobras, lo caduco,
tus manos, nuestras vidas, mis clavículas,
los cerros, los furtivos, la sed, la burocracia,
el tuétano de un fémur de los de relicario,
miserias, emboscadas, braseros, azadones,
la soledad feliz, el yugo, confidentes,
los jornales manchados de sangre compañera,
la escarcha en el verdín de los estanques,
los golpes, las palabras, el silencio,
los tristes uniformes de un ejército firme,
punzones, maceteros, artilugios modernos
que parece que sirven para viejos quehaceres,
la lógica del jueves, lo amargo de estas vísceras,
condenas, dentelladas, apuros, callejones
y hermosas tachaduras mucho más verdaderas
que lo escrito al dictado del anhelo imperial
y el solsticio de invierno y las cerezas maduras
y el azar y la industria y
caben canes, canicie,
canículas de asfalto y podredumbre,
pistones, cartapacios, escorzos, nervios, censos,
las cosas sin sus nombres, la lengua que se da,
el mar, las motosierras, el vértigo, los rabos,
la piel de los membrillos, los líquenes graníticos,
la tierra apisonada, pereza y mansedumbre,
quinquenios, maquis, dudas, las perreras,
desórdenes, cuarteles, coltán, la numismática,
trescientas biblias coptas, el precio de la carne,
cabriolas, garrapatas, la raza y el moquillo y
la voluntad del amo y
también cazuelas, llagas,
laúdes, pedigríes, chilabas, desconcierto,
hollín, balates, yunques, gatos, sogas,
pinceles, hemiciclos, olvido, longanizas,
susurros, diagonales, microprocesadores,
el fiel de la balanza trucada de los justos,
la mística, la leña, sudor, fideicomisos,
las sonrisas sinceras, las mentiras piadosas,
el jazz, la levadura, lo falaz,
las florecillas blancas de las papas,
la pólvora, los trenes, pequeñas alegrías,
neblina, vecindades y más de cinco mil
cadáveres anónimos según la luz que arrojan
los datos más recientes relativos
a las fosas comunes de desaparecidos
de esta provincia nuestra.
Dentro de un perro, sí.

Dentro de un perro cabe la historia verdadera.



Luis Melgarejo (La Zubia, Granada, 1977) ha publicado hasta la fecha los libros de poesía: Libro del cepo (Hiperión, Madrid, 2000), con el que obtuvo el XV Premio de Poesía Hiperión, y Los poemas del bloqueo (Granada Literaria, Ayuntamiento de Granada, Granada,2005), actualizado y reeditado en 2009 en la editorial Cuadernos del Vigía, título merecedor del II Premio de Poesía Zaidín-Javier Egea. Sus poemas se han recogido en revistas y en antologías de poesía española contemporánea a ambos lados del Atlántico. Desarrolla proyectos creativos con el guitarrista argentino Esteban Jusid, con el artista plástico granadino Iván Izquierdo y con el colectivo La Palabra Itinerante, con el que investiga en diversos ámbitos como la poesía escénica, la pedagogía literaria y otros soportes de comunicación y acción cultural. (Wikipedia)

viernes, 2 de abril de 2010

Ya no somos Ulises


No hay regreso. Ya no somos Ulises. No quedan odiseas. Lo único que queda es todo por hacer y todo por decir. Todo en el aire.

Antonio Méndez Rubio

Antonio Méndez Rubio (Fuente del Arco, Badajoz, 1967) reside en Valencia, en cuya Universidad es profesor de Comunicación Audiovisual y donde ha participado en diversos colectivos de acción cultural y sociopolítica, como el Foro Social de las Artes.

miércoles, 10 de marzo de 2010

TEXTOS LATINOS PARA EL DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA por Fernando Lillo Redonet


A través de varias inscripciones latinas veremos cuál era el modelo de mujer romana, dos ejemplos de trabajadoras romanas y un caso de violencia doméstica. Estos textos pueden servir para reflexionar sobre la condición femenina en la actualidad.


1. EL MODELO DE MUJER

Epitafio de Claudia, una esposa ejemplar (CIL, 1.2 1211)

HOSPES QUOD DEICO PAVLLVM EST; ASTA AC PELLEGE
HEIC EST SEPVLCRVM HAV PVLCRVM PVLCRAI FEMINAE
NOMEN PARENTES NOMINARVNT CLAVDIAM.
SVOM MAREITVM CORDE DEILEXIT SOVO:
GNATOS DUOS CREAVIT: HORVNC ALTERVM
IN TERRA LINQVIT, ALIVM SUB TERRA LOCAT.
SERMONE LEPIDO, TVM AVTEM INCESSV COMMODO,
DOMVM SERVAVIT, LANAM FECIT. DIXI. ABEI

• Vocabulario:

• abei: abi, imperativo de abeo alejarse
• ac conj.: y
• alium: otro (ac.)
• alterum: uno (ac.)
• asto, -as, -are, -avi, -atum: pararse
• creo, -as, -are, -avi, -atum: dar a luz
• commodus, -a, -um adj.: agradable
• cor, cordis n.: corazón
• deico: dico
• deilexit: dilexit, diligo, -is, -ere, dilexi, dilectum, amar
• duos: dos (ac.)
• gnatos: natos, natus, nati m.: hijo
• hau: haud, no
• heic: hic adv. aquí
• horunc: horum (de estos)
• hospes, hospitis: extranjero
• incessus, incessi: el andar
• lepidus, -a, -um: amable
• linquo, -is, -ere, liqui: dejar tras de sí
• loco, -as, -are, -avi, -atum: colocar
• mareitum: maritum, maritus, mariti: esposo
• nomen, nominis n.: nombre
• nominarunt: nominaverunt, nomino, -as, -are, -avi, -atum, llamar
• parentes, parentum m.pl.: padres
• paullum: poco
• pellege: perlege, perlego, -is, -ere, perlegi,
• perlectum leer hasta el final
• pulcrai: pulchrae, pulchrus, -a, -um hermoso
• quod: lo que
• sepulcrum, sepulcri: tumba
• sermo, sermonis: conversación
• souo: suo, suus, -a, -um su
• suom: suum, suus, -a, -um su
• tum autem: y también

Grammatica

• Señala los demostrativos de la inscripción.
• Señala los imperativos de la inscripción.
• Busca los pretéritos perfectos de indicativo.

Inscriptio loquitur

• Señala las líneas y el contenido que reflejen la conversación ficticia que tiene la lápida con el caminante que la lee.
• ¿Cuál ha sido la actitud de Claudia hacia su marido?
• ¿Cuántos hijos tuvo y qué les sucedió a estos?
• ¿Qué características conformarían la mujer ideal romana según la inscripción?
• ¿Te parecen las mismas que hoy usaríamos para definir a la mujer ideal?



2. MUJERES TRABAJADORAS

Una peluquera (ILS 7420) Roma

D. M.
CYPARENI OR-
NATRICI BENE
MERENTI POLYDE-
VCES FECIT

Abreviaturas:

• D M= dis manibus

Nombres propios:

• Cyparenis, Cyparenis: Cyparene
• Polydeuces nom. sing.: Polydeuces

Vocabulario:

• bene: adverbio, bien
• merens, merentis: que merece
• ornatrix, ornatricis: peluquera

Una médico (ILS 7802) Mérida

D. M. S.
IVLIAE SATVRNINAE
ANN XXXXV
VXORI INCOMPARABILI
MEDICAE OPTIMAE
MVLIERI SANCTISSIMAE
CASSIVS PHILIPPVS
MARITVS OB MERITIS
H.S.E.S.T.T.L.

Abreviaturas:

• D M S= dis manibus sacrum
• ANN= annorum
• H S E S T T L= Hic sita est. Sit tibi terra levis

Nombres propios:

• Iulia Saturnina: Julia Saturnina
• Cassius Philippus: Casio Filipo

Vocabulario:

• uxor, -is: esposa
• incomparabilis, -e: incomparable
• maritus, -i: marido
• medica, -ae: médica
• meritus, -i: mérito
• mulier, -is: mujer
• ob: preposición de ablativo, a causa de
• optimus, -a, -um: óptimo (superlativo de bueno)
• sanctissimus, -a, -um: piadosísimo

Grammatica

• ¿En qué caso está el nombre de la difunta y todas sus características?
Inscriptio loquitur
• ¿Quién hace la inscripción?
• ¿Cómo califica Casio Filipo a su mujer? ¿En qué cualidades se fija?



3. VIOLENCIA DOMÉSTICA

Asesinada por su esposo (ILS 8512) Lyón (Francia)

D. M.
ET QVIETI AETERNAE
IVLIAE MAIANAE FEMI-
NAE SANCTISSIMAE MANV
MARITI CRVDELISSIM(i) INTERFECT(ae)
QVAE ANTE OBIT QVAM FATVM
DEDIT CVM QVO VIX(it) ANN(os) XXVIII EX
QVO LIBER(os) PROCREAV(it) DVOS PVERUM
ANN(orum) XVIIII PVELLAM ANNOR(um) XVIII ....1

1. La inscripción continúa.

Dis manibus et quieti aeternae Iuliae Maianae, feminae sanctissimae, manu mariti crudelissimi interfectae, quae ante obit quam fatum dedit, cum quo vixit annos XXVIII, ex quo liberos proceavit duos: puerum annorum XVIIII, puellam annorum XVIII...

Nombres propios:

• Iulia Maiana: Julia Mayana

Vocabulario:

• aeternus, -a, -um: eterno
• crudelis, e: cruel
• do, dedi, datum: dar, otorgar
• duos: acusativo, dos
• fatum, -i: el hado, el destino
• femina, -ae: mujer
• interfectus, -a, -um: participio de perfecto de interficio, interfeci, interfectum, matar
• liberi, -orum: hijos
• manus, -us: mano
• maritus, -i: marido
• obit = obiit de obeo, obii, obitum, morir
• procreo, -avi, -atum: procrear
• puella, -ae: niña
• puer, -i: niño
• quies, -etis: descanso
• sanctus, -a, -um: piadoso

Grammatica

• ¿Qué función sintáctica cumple manu mariti crudelissimi?
• Señala los superlativos del texto
• Señala y comenta las oraciones de relativo

Inscriptio loquitur

• ¿Cómo murió Julia Mayana?
• ¿Qué adjetivos califican a Julia y a su marido?
• ¿Cuántos hijos dejó y de qué edades?

domingo, 14 de febrero de 2010

Antígona, un poema de Bertolt Brecht


Sal de la penumbra y llega
hasta nosotros un momento
benévola, con la pisada ligera
de la decisión inquebrantable, terrible
para los que siembran el terror.

El gesto de volverte hacia otro lado me recuerda
cómo has temido la muerte, aunque
aún más temías
vivir sin dignidad.

Y no hiciste una sola concesión
a los poderosos ni te prestaste
a componendas con los intrigantes, ni nunca
tampoco olvidaste la afrenta. Y sobre sus fechorías
no creció la hierba.


Este poema estaba impreso en el programa del estreno en Chur (Suiza), el 15 de febrero de 1948, de la Antígona de Sófocles, adaptada por Brecht a partir de la versión de Hölderlin y en la que Helene Weigel, compañera del dramaturgo y primera actriz de la compañía, hizo de protagonista.

Texto extraído de Poemas del lugar y de la circunstancia, de Bertolt Brecht, editorial PRE-TEXTOS, 2003

miércoles, 10 de febrero de 2010

La casa de Asterión. Jorge Luis Borges




LA CASA DE ASTERIÓN

JORGE LUIS BORGES

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que ho hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, cro, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madra; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Loas enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprndiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distacciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suel, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes, la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensantgriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redeentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

ACTIVIDADES

1.- Jorge Luis Borges (1899 – 1986) es un extraordinario escritor argentino que ha tenido una influencia determinante en la literatura del siglo XX. Busca información sobre su vida y su obra.

2.- Borges, en este relato, recupera el mito griego de Teseo y el Minotauro. Busca información acerca de esta leyenda y haz un breve resumen.

3.- Sin embargo, en La casa de Asterión, Borges no se conforma con la visión tradicional del mito del Minotauro, sino que sabiamente arrastra al lector a un lugar desde el que es capaz de ver por sí mismo una realidad nueva y sorprendente. ¿Por qué crees que el cuento está narrado en 1ª persona, es decir, desde el punto de vista de Asterión?

4.- Con una dosificación muy medida, Borges nos describe los pensamientos y sentimientos de Asterión. ¿Cuáles son los rasgos más importantes que definen su personalidad? ¿Cuál es ese extraño deseo que alberga el corazón del Minotauro? ¿Por qué crees que el monstruo apenas se defendió? Razona tus respuestas.

5.- ¿Qué crees que significa la afirmación de Asterión: “la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo”?

6.- ¿Crees que los lectores acaban identificándose con el Minotauro? En caso afirmativo, razona y explica qué supone para el lector dicha identificación.


Conrado Santamaría

sábado, 9 de enero de 2010

XI Festival Juvenil de Teatro Grecolatino de Clunia




El 6 de mayo de 2010 el Grupo de Teatro Clásico de la E. S. A. D. de Málaga pondrá en escena a las 12:30 Edipo Rey de Sófocles y a las 17:00 Las asambleístas de Aristófanes.

Las asambleístas de Aristófanes (también conocida como Las eclesiazusas, forma latinizada del título griego antiguo (e1κκλησιάζουσαι, Ekklesiazousai) es una obra teatral de Aristófanes escrita en el 392 a. C. y parecida a Lisístrata en el sentido de que gran parte de la comedia procede de la participación de las mujeres en la política, si bien está mucho más infundida por los problemas de género que ésta. Esta obra muestra también un cambio en el estilo de la comedia griega clásica, tras el corto periodo de oligarquía tras la Guerra del Peloponeso, o al menos un intento del mismo. Parece ser una mezcla de los dos estilos que funciona al principio, pero fracasa al final.
La obra trata sobre un grupo de mujeres, cuya líder se llama Praxágora. Ésta ha decidido que las mujeres deben convencer a los hombres para que les cedan el control de Atenas, pues ellas podrán gobernarla mejor de lo que ellos lo han hecho. Las mujeres, disfrazadas de hombres, se cuelan en la asamblea y votan la medida, convenciendo a algunos hombres para que voten por ella debido a que es la única cosa que no han probado aún.
Las mujeres instituyen entonces un gobierno protocomunista en el que el estado da alimento, hogar y cuidado en general a todos los atenienses. Imponen una idea de igualdad permitiendo que cualquier hombre duerma con cualquier mujer, con la condición de que lo haga con una mujer fea antes de poder hacerlo con una guapa. Esto refleja un punto de vista común sobre las mujeres de la época: dado que nunca poseían nada y tenían que compartir todo, era más probable que las mujeres quisieran poseer cosas comunalmente. La igualdad obligatoria también es en cierta forma una declaración política además de social. Tras la oligarquía gobernante que siguió al fin de la guerra, los atenienses hicieron valer su democracia e igualdad con mucha fuerza, hasta el punto de que, aunque era una clara exageración, la obra dejó seguramente clara su opinión sobre la excesiva democracia.
Hay una escena en la que dos hombres conversan. Uno de ellos está de acuerdo con el nuevo gobierno, dando sus propiedades a las mujeres y obedeciendo sus órdenes. El otro no desea renunciar a sus propiedades, pero está más que dispuesto a aprovechar la comida gratis.

Edipo Rey, tragedia por Sófocles. Para evitar el infausto oráculo según el cual matará a su padre y se casará con su madre, Edipo es arrojado al nacer por mandato de su padre, Layo, rey de Tebas, a un monte infranqueable, donde por azar lo encontrará un pastor al servicio de Pólibo, rey de Corinto. Este rey no tenía hijos y criará a Edipo como si fuera propio. Más tarde Edipo se entera por casualidad de que Pólibo no es su padre y marcha a Delfos para preguntar al oráculo por su origen. En la respuesta del dios descubre horrorizado que matará a su padre y se casará con su madre. De vuelta de Delfos se encuentra por azar con un hombre que le impide el paso. Discuten y el enfrentamiento acaba con la muerte del viejo. Este era Layo, rey de Tebas. Después Edipo se enfrenta a la esfinge, monstruo que atemorizaba al pueblo de Tebas y la vence al revelar el enigma que ésta proponía. El premio por haber liberado al pueblo de este mal es la mano de la reina viuda, Yocasta, que por azar, era su madre.
Pero Edipo acabará encontrándose en una vía trágica, un camino sin retorno. Un nuevo mal se abate ahora sobre Tebas y Apolo, dios de Delfos, revela que la ciudad será liberada si se castiga al asesino de Layo. Edipo comienza las investigaciones, pero el proceso por desenmascarar al culpable llevará a nuestro protagonista al conocimiento de sí mismo: este conocimiento arrastrará a la ruina a aquel que, ante el pueblo se ufanaba de conocer los enigmas y ser el mas poderoso, aquel a quien todos miraban con envidia. Pero la heroicidad de Edipo está en perseverar en su conocimiento hasta el final, a pesar de presentir que esta lucha acabará fatalmente para él .