jueves, 24 de febrero de 2011

In girum imus nocte et consumimur igni. David Franco Monthiel



In girum imus nocte et consumimur igni*

Hemos venido para no hacernos los sordos,
para golpear desde la palabra,
para continuar en pie amándonos,
para mirar el rostro de la muerte,
y seguir soñando, seguir viviendo.
Hemos venido para no volver,
para despertar en el paso adelante
y ser cada día un único cuerpo
que desea una luz en carne viva,
un verbo de plural desinencia.
Hemos venido para cambiar la vida.
Nuestro terror será suave caricia
en los tiempos de mordaces bozales.
Hemos venido para formar parte,
para ser poema, para ser trabajo.
Hemos venido para esperanzarnos,
para vivir de nuestras manos,
para tener un nombre sin fiebres
deudoras o vómitos mensuales,
para ser gritos o cuchillas que desentierren
las podridas raíces.
Hemos venido para ser feroces
a pesar de mandíbulas
y de segundos despojados,
a pesar de domingos asignados
a la cómoda muerte.
Hemos venido para preguntarnos,
para vivir a la intemperie,
para ser un instante incómodo
en el tiempo pasajero de los ladrones.

*"Damos vueltas en la noche y somos consumidos por el fuego", según unos una adivinanza cuya solución era "antorcha", según otros una descripción del vuelo de las polillas de noche, y también los demonios.

David Franco Monthiel (Cádiz, 1976) es diplomado en Magisterio de Educación Musical, escritor, músico y dibujante, y forma parte del colectivo de expresión y agitación cultural La palabra itienerante. Ha publicado Renta básica de olvido (2004), Las cenizas de Salvochea (2008).

lunes, 14 de febrero de 2011

El linaje de Edipo. Juan Gil-Albert



El linaje de Edipo

Bajo la maldición de nuestro padre
los viejos fraticidas recorremos
la indeferente tierra pregonando
el maldito linaje que nos dio el ser.

Nada calma esta sangre en que se yergue
el espectro terrible del destino
lanzando por su boca el horroroso
fallo de amor : Matarás a tu hermano.

La casa familiar estremecida
por nuestros sanguinarios gritos arde
siglo tras siglo el gris de sus pavesas
en una abrasadora hoguera alzada.

Y nuestra impura madre horrorizada
de tan furioso anhelo, entre sus paños
enlutados se acoje , y en su vientre
deja engendrar los duelos fraternales.

La tierra es dura, el cielo es luminoso,
y todo olor o fruto que nos tiende
es allí el agrio-dulce con que reinan
los reyes de esta estirpe apasionada.

Más que amor, el reducto de la casa,
sus pequeños cultivos azarosos,
sus perfumadas sierras y sus ríos,
inspiran a los férvidos hermanos

una envidia y recelo, un desvarío
de intensa posesión. Crueles rencores
anidan en su pecho cuando suenan
repartidos los besos maternales.

Oh raza que conserva en sus entrañas
la originaria forma de la lucha,
aquel destello intacto mantenido,
ira de amor saltándole en sus ojos.

Los que aún comen el pan de sus vergeles
entre sus tristes músicas tañidas
y los frutos maduros, se contemplan
fruncido el duro ceño de reproches.

Los desterrados cantan la alborada
de su lejano amor y perseguidos
por el perro del odio se aniquilan
en ese mismo fuego que les prende.

El oráculo cumple su amenaza
terrible en esas venas familiares
del cante y la aflicción, y entre las manos
de los jóvenes pone el rayo vivo

que destruye y a un tiempo vivifica,
mientras el negro vino que los une
espera en su pupila ver copiarse
una nueva matanza de sus hijos.

Juan Gil-Albert. Poeta, ensayista y crítico español nacido en Alcoy, Alicante, en 1904. Estudió Derecho y Filosofía y Letras en Valencia. Publicó sus primeros poemas en 1936 convirtiendo su casa en el centro de los intelectuales republicanos. Su dolorosa experiencia en la guerra civil lo aleja de su tendencia vanguardista, convirtiéndolo en un poeta reflexivo e intimista. Se exilió en México y Argentina de 1939 a 1947. Al regresar a España, publicó varias obras entre las que se cuentan «El existir medita su corriente» en 1949 y «Concertar es amor» en 1951. La década del setenta marcó su consagración definitiva, con obras tan importantes como su autobiografía en prosa, «Crónica general», «Fuentes de la constancia», «Las ilusiones», «Heraclés» en 1975, «Memorabilia» en 1975, «A los presocráticos» en 1976, y una nueva edición de «Breviarium vitae» en 1979. En 1982 obtuvo el Premio de las Letras del País Valenciano.Falleció en 1994.