sábado, 31 de marzo de 2012

Ícaro. Fabio Morábito



Ícaro

CUANDO LE DIERON su pase de abordar
vieron que su maleta no pesaba nada.
Tuvo que abrirla y estaba vacía.
¿Por qué su maleta viene vacía?, le preguntaron.
No tuve tiempo de hacer la maleta, dijo.
¿Por qué la trajo si viene vacía?
No me gusta viajar sin maletas.
También su equipaje de mano venía sin nada
y lo revisaron con ayuda de los perros.
Lo observaron durante el vuelo: rubio,
casi albino, muy alto, ensimismado y tímido.
La azafata, al servir el almuerzo,
le preguntó de mala forma si iba a comer.
Asintió, pero sus brazos demasiado largos
le impidieron manejar los cubiertos,
no probó casi nada y pegó la cara al vidrio.
Había pedido asiento de ventana
y su vecino gordo se fijó en el gesto
que estremecía sus hombros:
el gesto de alguien que se sacude
una adherencia que lo agobia,
un tic entre pueril y arcaico.
Era evidente que sufría por la estrechez
y, apenas descubrió un asiento libre,
el gordo emigró, no soportando ese martirio.
Más tarde se apagaron las luces
y pidieron que cerraran las cortinas,
pero él no quiso, absorto en mirar las alas.
Tuvieron que llamar al oficial de segunda.
Me mareo, dijo, si no miro las alas,
o tal vez dijo me muero.
Fueron sus primeras palabras en el vuelo
y también las últimas. Al fin lo convencieron
de no perjudicar la oscuridad de la cabina.
Para que se durmiera le ofrecieron una almohada extra.
Lo hallaron muerto después de la película.

Fabio Morábito (Alejandría, Egipto, 1955). Novelista, ensayista, traductor y poeta. De padres italianos, pasó su infancia en Milán, para instalarse finalmente en México. Poesía: Lotes baldíos, De lunes todo el año.

martes, 20 de marzo de 2012

Un hombre pasa con un pan al hombro… César Vallejo



Un hombre pasa con un pan al hombro…

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?

César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892 – París, 1938). Poeta y escritor peruano considerado entre los más grandes innovadores de la poesía del siglo XX. Los heraldos negros, 1919, Trilce, 1922, Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz, 1939

jueves, 15 de marzo de 2012

Termópilas. Raymond Carver



Termópilas

De vuelta al hotel, al contemplar cómo se suelta y cepilla
su pelo castaño frente a la ventana, perdida en sus propios
pensamientos,
con la mirada en otra parte, me acuerdo por algún motivo de aquellos
lacedemonios sobre los que escribió Herodoto, cuyo deber
era defender las Puertas ante el ejército persa. Y
las defendieron. Durante cuatro días. Antes, sin embargo,
ante la incredulidad del propio Jerjes, los soldados griegos
se sentaron despreocupadamente por fuera del muro
de troncos cortados, las armas apiladas,
peinando y repeinando sus largos cabellos, como si se tratara
simplemente de otro día más de campaña.
Cuando Jerjes quiso saber qué significaba aquella exhibición,
le dijeron Cuando estos hombres van a perder la vida
quieren que sus cabezas estén hermosas.
Ella posa el cepillo de mango de hueso y se acerca
aún más a la ventana y a la decreciente luz de la tarde. Algo,
un movimiento o un crujido, llega desde abajo y ha atraído
su atención. Una mirada, y se desentiende.

Raymond Carver (Oregón, 1939 – Washington, 1988), poeta y narrador estadounidense, máximo exponente del llamado “realismo sucio”. Catedral, 1983, A new Path to the Waterfall, 1989.

sábado, 10 de marzo de 2012

Preguntas de una mujer que lee. Conrado Santamaría



Preguntas de una mujer que lee

¿Quién amasó el pan de los que edificaron Tebas, la de las siete puertas?
En los libros no se menciona el nombre de ninguna.
¿Acaso reyes y canteros madrugaron por leña para encender el fuego?
Y en Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién acarreó el agua para los que la levantaron otras tantas?
Y en Lima, resplandeciente de oro, ¿quién limpió las chabolas donde vivían los albañiles?
¿Quién les hizo la cena a los obreros la noche que terminaron la Muralla china?
La gran Roma está llena de arcos de triunfo.
¿Quién curó las heridas de quienes los erigieron?
¿Quiénes amortajaron a los vencidos por los soldados de los césares?
Bizancio, tan enaltecida,
¿acaso no tenía lavaderos para hacer la colada?
Incluso en la legendaria Atlántida, la noche que fue devorada por el mar,
hasta los esclavos que se ahogaban clamaban llamando a sus mujeres.

El joven Alejandro conquistó la India.
¿Quién amamantó y crio a sus soldados?
César venció a los galos.
¿No llevaban tras sus legiones siquiera unas prostitutas?
Felipe de España lloró cuando se hundió su flota.
¿Nadie más lloró la muerte de los marineros?
Federico II venció en la Guerra de los Siete Años.
¿Por qué siempre la guerra para resolver conflictos?

Cada página una victoria.
¿Quién fregó la vajilla del banquete del triunfo?
Cada diez años un gran hombre entre hombres.
¿Quién pagó los platos rotos?

Tantas historias,
tantas preguntas.

Conrado Santamaría

miércoles, 7 de marzo de 2012

Apología del pelo revuelto. Inma Luna



Apología del pelo revuelto

“Utilícese en seco para disciplinar los mechones rebeldes”
(En la etiqueta de la crema definidora de rizos Deliplús)


A qué viento esperamos,
a qué arrasador tsunami.
Hasta cuándo estaremos aquí
-peinados-
inconcebiblemente quietos.
Ellos lo saben,
tienen las herramientas,
dispensan suavizante,
lo utilizan en seco para disciplinar los mechones rebeldes.
Cuándo desbocaremos las melenas
y nos arrancaremos de cuajo las horquillas, las gomas, las coletas, los moños.
Cuándo nos alborotaremos de conciencia,
saldremos a la calle completamente despeinados
para recuperar la libertad del rizo,
para que nuestros sueños broten como las rastas indomables de Medusa.
Antes de que nos dejen alopécicos
promulguemos las bases de una revolución cosmética
lejos de toda mascarilla
o espuma moldeadora.

Inma Luna (Madrid, 1966), periodista, narradora y poeta. Ha publicado entre otros libros El círculo de Newton 2007 y No estoy limpia, 2011.

sábado, 3 de marzo de 2012

La sirena. Verónica Pedemonte



La sirena

La luna urgente y fría
puso labios de fuego
a un rudo marinero,
y abandonaste el mar.
Tu corazón brillaba
al sol de medianoche.
Y por amor,
que así le llaman,
renunciaste a tu canto
que enloquece a los hombres.
Pero al verte sin brillo,
torpe como un albatros,
tan lejos de tu reino,
quien antes te había amado
te abandonó al azar,
y separó con su cuchillo,
tan avezado de pelar merluza,
tu alma de tu cuerpo.
Así perdida,
vagaste muchos años,
diosa de cuerpo navegable.
Tu alma mientras tanto
aprendió los misterios de Eleusis.
Licenciada cum laude,
te buscó, sirena de secano,
hallándote dispuesta
a recibirla.


Verónica Pedemonte (Montevideo, 1963) Poeta y novelista uruguaya afincada en España. Lenguas de fuego, 1995. Esclavos y libertos, 2000.