jueves, 23 de agosto de 2012

Latín y jazz. Gonzalo Rojas


Latín y jazz

Leo en un mismo aire a mi Catulo y oigo a Louis Armstrong, lo reoigo
en la improvisación del cielo, vuelan los ángeles
en el latín augusto de Roma con las trompetas libérrimas, lentísimas,
en un acorde ya sin tiempo, en un zumbido
de arterias y de pétalos para irme en el torrente con las olas
que salen de esta silla, de esta mesa de tabla, de esta materia
que somos yo y mi cuerpo en el minuto de este azar
en que amarro la ventolera de estas sílabas.

Es el parto, lo abierto de lo sonoro, el resplandor
del movimiento, loco el círculo de los sentidos, lo súbito
de este aroma áspero a sangre de sacrificio: Roma
y África, la opulencia y el látigo, la fascinación
del ocio y el golpe amargo de los remos, el frenesí
y el infortunio de los imperios, vaticinio
o estertor: éste es el jazz,
el éxtasis
antes del derrumbe, Armstrong; éste es el éxtasis,
Catulo mío,
¡Tánatos!

Gonzalo Rojas (1916-2011). Poeta chileno. Entre sus obras: La miseria del hombre, 1948, Diáologo con Ovidio, 1999 y Con arrimo y sin arrimo, 2010

domingo, 19 de agosto de 2012

El Jardín Botánico. Batania

El Jardín Botánico

Entre el gris de los geranios y un trébol de jilgueros,
en la línea recta que va de Lauros a Basauri,
bajo robles y encinas, perales y manzanos
que no siempre están en flor,
llegó el amor de Iratxe y su boca sin calendario.
Nada más corriente mi historia,
pero como ya era un proyecto de poeta,
quise poner en verso
la amplitud de mis sentimientos,
y leídas en las grandes páginas de la poesía universal
las palabras excelsas que se deben escribir,
pronto me olvidé de esos nombres,
pues me parecían
demasiado simples,
demasiado pobres,
demasiado claros,
y halladas en los libros las palabras
(nunca sabidas por mí hasta entonces)
de rododendro, meliloto y aladierno,
los pájaros
(que nunca había visto)
como la oropéndola o el aguanieves,
lugares
(a los que nunca he ido)
como Tracia, Arcadia y Antioquía,
nombres de mujer
(ya olvidados)
como Tisbe, Perséfone o Deyanira,
elegí éstos para referirme a aquéllos,
y en lugar de escribir, por ejemplo,

Iratxe camina entre los ciruelos de Lauros...

escribía:

Deyanira vaga entre los rododendros de Antioquía...,

sin saber qué mujer pudiera ser Deyanira
(nunca conocí ninguna)
qué planta, árbol o arbusto sea un rododendro
(pero es tan bella, la palabra)
qué lugar Antioquía
(sonoro, refulgente, señero).
Pero un día,
paseando por El Prado,
me dio por entrar
en el Jardín Botánico,
y cuando vi lo que realmente era
un aladierno,
lo que realmente era
un rododendro,
lo que realmente era
un meliloto,
quedé muy confundido:
no, la realidad no confirmaba
la belleza de sus nombres.

Desde entonces,
ay, desde entonces.
Ya no quiero Deyaniras sino Iratxes.
No quiero oropéndolas sino jilgueros.
Ya no quiero rododendros
sino los manzanos de Lauros,
aunque no siempre estén en flor.

 Batania (Lauros, 1974), poeta neorrabioso

lunes, 13 de agosto de 2012

Latrodectus mactans. Sandra Toro

Latrodectus Mactans


Pinzar el extremo del hilo
con la garra.
Y tirar.

Así desmadejamos,
Penélope,
noche a noche
el camino a Ítaca.

Así vos
yo
nacidas de la misma
casta: tejedoras,
embaucamos al tiempo.

Arañas
de vientre condenado
donde a fuego la marca
del reloj.

Seda vertida
del sexo mudo
para trazar
(mandala
o laberinto)
el lecho nupcial
que nos abrace al consorte.

Túmulo
de ese eterno retorno.

Sandra Toro (Buenos Aires, 1968). Poeta y traductora argentina.


miércoles, 8 de agosto de 2012

Sal de la ciudad, abandona Ítaca. Ánjel María Fernández


Sal de la ciudad, abandona Ítaca
transitando mercados,
atracando en los puertos.

Consume comunes productos típicos
en cada plaza visitada,
huele a las gentes, conoce sus flores.

Desnuda el alma de Lestrigones
y Cíclopes,
desnuda del airado Poseidón
pide que tu camino sea largo.

Y cuando ahíto regreses a Ítaca
tus vecinos seguirán viendo en ti
al mismo mentecato de siempre.



Ánjel María Fernández (Arnedo, 1973). Entre sus obras: Pájaro en llamas.

domingo, 5 de agosto de 2012

El mito del perro griego amotinado. Daniel Macías




El mito del perro griego amotinado 

A Kanellos, Loukanikos y sus amigos.


Está ladrando fuerte el perro del color de la canela:-¿Quién debe qué? ¿Quién debe a quién?- Frente a la policía, junto a los amotinados, salta y juguetea entre gases de lágrimas, piedras y palmeras de fuego. Ahora están ardiendo los hombres con más brillo que el archipiélago de Holdërlin, porque los prudentes atenienses no pueden decidir nada en la asamblea de la plaza sin consultar a los mercaderes y sus criados.
¡Cuánto hacía que el dios del vino no se escapaba para burlar y enloquecer al rey Penteo!
Ladra, aunque sea con aromas de canela, ladra...

Daniel Macías (Moguer, 1965). Entre sus obras: El imperio sobre nada, 2000, Las aventuras de Imperio Sevilla, 2007 y Neuroguerrilla, 2012

jueves, 2 de agosto de 2012

Lucrecia. Alberto Gil-Albert


Lucrecia

Yo puedo extinguirlo todo
y entregándome a la muerte
señalar el fin.
Tal es el crimen
comparable al llanto
como una huella enorme
pétrea e incólume.

Supliqué con la piedad de la víctima
rogué por mi pervivencia
quise mis pechos indemnes
plenos de tiempo futuro
mis brazos estremecidos clamaron
por una lágrima por auxilio
pero todo grito fue vano.
Mi túmulo ensangrentado
no fue a Roma
ni elevado fue entre las plañideras
para venganza del criminal.
Tarquino fue la sombra de mi nombre
el choque de los escudos sobre la tierra.
¿Quién ahora dirá mi oración
clamará la venganza de los odiosos muslos violentados?
Toda la ciudad arrebatará al rey su trono
y mi muerte no será ya
el origen de una bondadosa República.

Alberto Gil-Albert (Logroño, 1960), abogado y poeta. Entre sus libros, Inmulieribus, 2012