sábado, 26 de enero de 2013

Noche más allá de la noche. Antonio Colinas



Canto X

Mientras Virgilio muere en Bríndisi no sabe
que en el norte de Hispania alguien manda grabar
en piedra un verso suyo esperando la muerte.
Este es un legionario que, en un alba nevada,
ve alzarse un sol de hierro entre los encinares.
Sopla un cierzo que apesta a carne corrompida,
a cuerno requemado, a humeantes escorias
de oro en las que escarban con sus lanzas los bárbaros,
Un silencio más blanco que la nieve, el aliento
helado de las bocas de los caballos muertos,
caen sobre su esqueleto como petrificado.
Oh dioses, qué locura me trajo hasta estos montes

a morir y qué inútil mi escudo y mi espada

contra este amanecer de hogueras y de lobos.

En la villa de Cumas un aroma de azahar

madurará en la boca de una noche azulada

y mis seres queridos pisarán ya la yerba

segada o nadarán en playas con estrellas.
Sueña el sur el soldado y, en el sur, el poeta
sueña un sur más lejano; mas ambos sólo sueñan
en brazos de la muerte la vida que soñaron.
No quiero que me entierren bajo un cielo de lodo,

que estas sierras tan hoscas calcinen mi memoria.

Oh dioses, cómo odio la guerra mientras siento

gotear en la nieve mi sangre enamorada.
Al fin cae la cabeza hacia un lado y sus ojos
se clavan en los ojos de otro herido que escucha:
Grabad sobre mi tumba un verso de Virgilio.

Antonio Colinas es un poeta, novelista, ensayista, traductor y periodista español que nació en La Bañeza, León, el 30 de enero de 1946. Entre sus obras: Jardín de Orfeo, 1988, y Sepulcro en Tarquinia, 1994.

lunes, 21 de enero de 2013

Odiseo en Barcelona. José Hierro



Odiseo en Barcelona

¡Si nunca hubiese vuelto…!
¡Cuánto mejor si nunca hubiese vuelto!

Navegaban conmigo
Nausicaas y Penélopes.
Las llevaba tatuadas en mis brazos
para tenerlas siempre ante mis ojos
y no olvidarlas nunca.
Pero la piel se me ha arrugado,
y las celestemente jóvenes
parecen ahora ancianas damas.
¡Si nunca hubiese vuelto!

Llegué con las orejas taponadas
para no ser esclavo del hechizo
del canto aquel que nunca llegué a oír.
Y hallé cipreses góticos,
piedras y seres que jamás soñé,
palabras diferentes.
Y no estaban mis islas,
o acaso fueron sólo un sueño mío.

¡Si nunca hubiese vuelto! Pero he vuelto,
Y aquí estoy otra vez, acariciando
este puñado de humo.


José Hierro (1922 - 2002) fue un poeta español. Pertenece a la llamada primera generación de la posguerra dentro de la llamada poesía desarraigada o existencial. Entre sus obras: Alegría (1947), Cuaderno de Nueva York (1998) y Guardados en la sombra (2002)

martes, 8 de enero de 2013

La cosmología de Caronte. Charles Simic



Munido apenas de una linternita
para orientarse
y siempre una montaña
de cadáveres frescos que cargar

y transportar hasta la otra orilla
donde hay un montón más,
diría que le debe costar mucho
distinguir una orilla de la otra

diría que no importa
nadie se queja, puede revisarles
los bolsillos, en uno unas miguitas
de pan, una salchicha en otro.

De vez en cuando algún espejo
o algún libro, que arroja
por la borda hacia el río
oscuro, frío, rápido y profundo.

Charles Simic (9 de mayo de 1938) es un poeta serbio-estadounidense. Entre sus obras: He received the Pulitzer Prize for Poetry in 1990 for The World Doesn't End , and was a finalist of the Pulitzer Prize in 1986 for Selected Poems, 1963-1983 and in 1987 for Unending Blues . La cosmología de Caronte, 1977 y El libro de los dioses y los demonios, 1990

viernes, 4 de enero de 2013

Una inscripción. José Ángel Valente



Una inscripción

Fue en Roma,
donde había en aquella época
grandes concentraciones de capital
y masas obreras con escasas posibilidades de subsistir.

Los poetas no acusaron el problema,
porque Roma debió de ser una alegre ciudad
en tiempos de Nerón,
Aenobarbo, parricida,
poeta de ínfima calidad.

Algunos hombres sencillos
envenenaron las fuentes
y se opusieron al régimen oficial.

Acaso fueron hombres como este
que yace en paz,
trabajador de humildes menesteres
o, tal vez, mercader. Un día
le fue comunicada
cierta posibilidad de sobrevivir.
(Se ignora si fue sacrificado
por semejante crimen.)
Sin embargo murió; es decir, supo
la verdad. Piadosamente
repito estas palabras
sobre la piedra escritas
con igual voluntad:
“Alegre permanece, Tacio,
amigo mío,
nadie es inmortal”.

José Ángel Valente (Orense, 1929 – Ginebra, 2000). Poeta, ensayista y traductor gallego. Entre sus obras: A modo de esperanza, 1954, Punto cero, 1972 y Fragmentos de un libro futuro, 2000.