viernes, 29 de marzo de 2013

Insolidaridad del héroe. José Ángel Valente




Insolidaridad del héroe 

...a ti engendró una diosa; pero éste tiene más
poder, pues manda sobre más hombres.
Il., Canto I, 280-281 

Yo fui criado entre mujeres, el rey de los mirmidones. Odio a Agamenón Atrida y a los suyos por su jactanciosa virilidad. El destino hizo de mí un elegido y a mi destino habré de devolver lo que a él pertenece. Pero entre los metales roncos y los cuerpos caídos, mis ojos vuelven, heridos de otra luz, a la mano infantil con que mi cuerpo acariciaban las hijas de mi madre. Los héroes serán decapitados por el sexo. La ciudad arderá: se ignora por qué mano abrasada. De esta guerra, qué podría decir. Su término me es indiferente. Igual que el vuestro, oh dioses. 

José Ángel Valente (Orense, 1929 – Ginebra, 2000). Poeta, ensayista y traductor gallego. Entre sus obras: A modo de esperanza, 1954, Punto cero, 1972 y Fragmentos de un libro futuro, 2000.

 


martes, 19 de marzo de 2013

A una ciudad resistente. Vicente Aleixandre


A una ciudad resistente 

                                     Ruinas de Numancia 

I
En esta ciudad muerta hay polvo vivo.
A nivel de la tierra pasa el frío. 

                               II

            ¡Oh, ciudad sumergida en el silencio!
Todas las casas llegan a los cielos. 

                               III

            Entre columnas que no existen yacen
idos y puros todos los amantes. 

                               IV

            Son los guerreros un fragor de espadas.
Música eterna en una noche blanca. 

                                V

            ¿Duermes, doncella? Oh, no, nada se pierde.
Pensada solo, tu pupila es verde. 

                                VI

            Oh, majestad de ese clamor completo.
Fiera ciudad sobre un perpetuo cerro. 

                                VII

            La piedra monda. Apenas una losa.
Numancia pronunciada, erguida, sólida.
 

Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898 – Madrid, 1984) fue un poeta español de la llamada Generación del 27. Premio Nobel de Literatura en 1977. Entre sus obras: Espadas como labios, 1932 y En un vasto dominio, 1962.

viernes, 8 de marzo de 2013

Sócrates habla con Critón en la prisión de Atenas. Jesús Ferrero

Sócrates habla con Critón en la prisión de Atenas
 

El miedo a morir no es otra cosa, Critón,
que el asco profundo de tener que decir
sí a la tierra, 

de tener que aceptar esa oscura orfandad
que es al mismo tiempo la filiación más extrema. 

            Esa repugnancia que siempre genera
toda obediencia necesaria:
la madre sometiendo al hijo
a su ciencia innumerable:
su cuerpo signo del mundo, sema
del orden primero
y receptáculo por eso del primer suplicio. 

            Despedirse para siempre
del cuerpo que fue nuestro es doloroso
y espanta a la memoria
saberse simiente de la nada, parto
de la ira elemental de la materia. 

            Turbios expelemas de ceniza
habrán de consumar mañana
este extraño periplo que es vivir
y la indigna certeza de sabernos finitos. 

            ¿Por qué, Critón, por qué
tuvo que ser el hombre el animal
elegido por los dioses
para pensarse a sí mismos? 

            ¿Por qué no eligieron a los caballos,
a los centauros, a las sirenas,
a las panteras, a los buitres? 

            Asco de la tierra y asco
de nosotros mismos,
es el pago de tener conciencia, 

el pago por habernos apartado
de la entraña de la Oscura,
el pago de esa audacia
genuinamente nuestra, o el pago quizá
de esa ancestral cobardía humana.
Haberla negado,
haberla mirado con odio
a sus ojos inconcretos, a sus ojos
sabios. 

            ¿Así se miran los hoplitas
cuando quieren devorarse unos a otros?
¿Así nos ha mirado y así la miramos
nosotros desde antiguo? 

            El miedo a morir no es otra cosa:
lo imperdonable, Critón,
el tener que decir que sí a la tierra,
el tener que obedecerla
como reos que confiesan delitos que no hicieron,
coaccionados por el suplicio, 

el tener que cumplir a rajatabla su mandato:
olvidar para siempre que hemos sido.
 
Jesús Ferrero (Zamora, 1952), poeta y novelista. Entre sus obras: Bélver Yin, 1981, Negro sol, 1987 y Balada de las noches bravas, 2010.

domingo, 3 de marzo de 2013

Eurídice. Margaret Atwood


Eurídice
 

Él ha venido a buscarte y está aquí,
canción que te llama y quiere que vuelvas,
canción de dicha y de pesar
a partes iguales, promesa
hecha canción, promesa
de que todo será, allá arriba, distinto
a la última vez...
Hubieras preferido seguir sintiendo nada,
vacío y silencio; la estancada paz
del mar más hondo,
al ruido y la carne de la superficie,
acostumbrada a estos pasillos pálidos y en sombras,
y al rey que pasa por tu lado
sin pronunciar palabra.
El otro es diferente
y casi lo recuerdas.
Dice que canta para ti
porque te ama,
no como eres ahora,
tan fría y diminuta: móvil
y a la vez quieta, como blanca cortina
o soplo en la corriente
de una ventana a medio abrir
junto a una silla donde nadie se sienta.
Te quiere "real",
un cuerpo opaco,
sentir cómo se espesa
(tronco de árbol o ancas)
y el golpe de la sangre tras los párpados
al cerrarlos
la llamarada solar...
Sin tu presencia no podrá sentir
este amor suyo...
Mas la súbita revelación
de tu cuerpo enfriándose en la tierra
fue saber que le amas en cualquier lugar
hasta en este sitio sin memoria,
este reino del hambre.
Como una semilla roja en la mano
que olvidaste que aprietas,
llevas tu amor...
Él necesita ver para creer
y está oscuro. "Atrás, atrás...", le susurras,
pero quiere que vuelvas
a alimentarlo, Eurídice,
puñado de tul, pequeña venda,
soplo de aire frío.
No se llamará Orfeo
tu libertad... 

Margaret Atwood (Ottawa, 1939). Poeta, novelista, crítica literaria y activista política. Entre sus obras poéticas: Double Persephone, 1961 y The Door, 2007.