lunes, 21 de abril de 2014

(Cuarentena). Pedro Andreu



(Cuarentena)


El mar arrastra a la arena de la playa

sirenas con la ropa arañada, desnucadas.

Sale el sol y las moscas desovan

sobre carne y escamas futuras epidemias.

Los curiosos han ido invadiendo la arena.

Después llegan gaviotas, albatros, algún perro

asilvestrado que mastica los huesos.

Toda la noche fueron varando cuerpos.

Desde el pasado miércoles

no parte ningún buque de los muelles.

Hay cientos de sirenas desnucadas:

una canción borracha las atrae a la costa.

En las islas más grandes el hedor de las muertas

propaga ciertas pestes que han diezmado el turismo.

Has oído en la tele a un médico forense;

no sabe qué decir tras las autopsias.

Por las calles murmuran los vecinos

que hay suelto un asesino en serie. 

Y guardan a sus hijas en los sótanos

y fuman más que antes

y se han comprado rifles y practican 

disparando a latas de cerveza en sus jardines.


Pedro Andreu. Alquiler a las afueras. Ediciones La Baragaña, 2014.

sábado, 19 de abril de 2014

Eneas, hijo de Anquises, consulta a las sombras. José Ángel Valente



Eneas, hijo de Anquises, consulta a las sombras




Oscuros,

en la desierta noche por la sombra,

habíamos llegado hasta el umbral.


La mujer era un haz de súbitas serpientes

que arrebataba el dios.


Oh virgen, dime dónde

está en el corazón del anegado bosque

el muérdago.

                          Volaron las palomas

a la rama dorada.


Habíamos llegado hasta el umbral

(de mares calcinados, del infinito ciclo

de la destrucción).


Aquí desnudo estoy,

ante el espasmo poderoso del dios.


Aquí está el límite.

                               Ya nunca,

oscuros por la sombra bajo la noche sola,

podríamos volver.

                              Pero no cedas, baja

al antro donde

se envuelve en sombras la verdad.

Y bebe,

de bruces, como animal herido, bebe su tiniebla,

al fin.


José Ángel Valente (Orense, 1929 – Ginebra, 2000). Poeta, ensayista y traductor gallego. Entre sus obras: A modo de esperanza, 1954, Punto cero, 1972 y Fragmentos de un libro futuro, 2000

martes, 1 de abril de 2014

Antígona en otoño. Juan Ignacio González

Antígona en otoño


Para cuando regreses,

                                   tendré los labios secos,

la hiedra de la espera enredada en la piel,

encendida la hoguera

que mitigó las nieves del olvido,

y saldré a recibirte hasta el sendero

con la bandera blanca de las claudicaciones

desplegada en los ojos.


Igual que surge el miedo por detrás de los álamos,

el corazón del hombre y la raíz del llanto

se agitan con tu ausencia,

                                               y muere cada noche

Hemón enamorado sobre el cuerpo de Antígona.


Y si no vuelves quiero,

abrir surcos de amor sobre los campos yermos

y anegarlos de lluvia.

Ser tierra,

                        solo tierra,

y que cubran las huellas terribles de tu ausencia

las nieblas de este otoño.


O tal vez, si no vuelves,

                                               dejar escrito el verso

para que el tiempo juzgue,

si el viento y tú sois parte de una historia,

o la tormenta es solo su presagio.



Juan Ignacio González. El cuaderno de ceniza. Heracles y nosotros, 2014.